Madrid está viviendo su mejor momento turístico. Y, claro, cuando algo bate récords en este país, lo celebramos como si hubiéramos ganado un Mundial… aunque el trofeo sea un menú plastificado en seis idiomas y una croqueta de quinta gama. Turismo Masivo: De Madrid al cieno. Según datos que manejan fuentes oficiales (Ayuntamiento y Comunidad) y el ecosistema municipal del turismo, Madrid rondó los 11,2 millones de visitantes en 2024 y generó alrededor de 23,3 millones de pernoctaciones. Mucha gente. Mucho check-in. Mucho “wow». Pero Madrid se convierte en una ciénaga.
Y no me malinterpretes: que venga gente a Madrid está fenomenal. El problema no es el turista, es el modelo: ese que convierte el centro en un parque temático donde la comida deja de ser comida y pasa a ser pienso. Mientras los datos se aplauden, la realidad gastronómica del centro se simplifica: platos pensados para quien no vuelve, precios para quien no compara, y cartas para quien no pregunta.
Madrid bate récord turístico (y el centro paga la fiesta)
Aquí entra la gran indignación. Porque la «turistificación» no solo se come: también se duerme. Y según el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, en la ciudad de Madrid se detectaron 16.335 viviendas turísticas anunciadas en plataformas. ¿Cuántas licencias reconocidas? 1.131. Traducción simultánea: la diferencia apunta a más de 15.000 alojamientos que podrían estar operando sin licencia.
Y lo mejor (o lo peor) es que el propio Ayuntamiento, en el marco de su Plan RESIDE, maneja una cifra prácticamente calcada: Madrid habría alcanzado en torno a 16.100 pisos turísticos, y vuelve a aparecer el dato de que solo 1.131 serían legales (con licencia). No es una “percepción vecinal”: es papel institucional. Turismo Masivo: De Madrid al cieno
Pisos turísticos en Madrid: 16.335 anuncios vs 1.131 licencias
El Plan RESIDE —documento municipal— pinta un retrato que no cabe en una postal de chulapos y manolas jugando al julepe. Habla de una ciudad en la que el alojamiento turístico crece y se concentra, especialmente en el centro. Por ejemplo:
- En Madrid habría alrededor de 16.100 pisos turísticos con oferta aproximada de 55.155 plazas.
- En el distrito Centro se concentrarían unos 6.755 pisos turísticos, con unas 25.339 plazas.
- Y la frase que explica por qué ya no reconoces tu barrio: “en Centro hay un turista alojado por cada dos residentes”. Eso no es “convivencia”. Eso es turno rotatorio de vida.
¿Consecuencias? Las que cualquiera con ojos ve: presión residencial, tensiones, ruido, sustitución del comercio de barrio por negocios pensados para consumo rápido. Y por supuesto, restaurantes donde solo se come bazofia.
Gastronomía en el centro: del plato al pienso (versión turismo masivo)
El turismo masivo tiene un efecto gastronómico bastante previsible: cuando una zona se orienta a “dar de comer a volumen”, la cocina se abarata, se estandariza y se simplifica. Menos oficio, más microondas. Menos producto, más salsa de bote. Y como el flujo es constante —récord de visitantes, récord de pernoctaciones— el negocio puede sobrevivir durante unos años, eso si la propia ciudad no lo fagocita en impuestos y precio del suelo.
Y sí, hay sitios excelentes en el centro. Los hay. Pero compiten contra un sistema que premia la rapidez y la rotación, y que se apoya en una infraestructura de alojamiento que, según fuentes oficiales, está inflándose con una parte importante de oferta anunciada sin la licencia correspondiente. Eso alimenta el circuito: gente que llega, duerme, consume, se va. Y vuelta a empezar.
Restaurantes efímeros: la ciudad del “abrir, exprimir y cerrar”
Y aquí entra otro dato que explica por qué a veces te clavan 18€ por una tortilla triste y al año siguiente el local se llama distinto: la rotación.
Se ha publicado que, en Madrid, un porcentaje muy alto de restaurantes no llega a los 5 años (en un análisis se menciona el 63% como referencia). Y además, los cierres se cuentan por cientos según recuentos difundidos en prensa.
¿Y por qué cierran? Porque abrir un restaurante no es solo poner neones y una playlist. Un estudio citado en prensa económica atribuye el 46% de los cierres a falta de planificación financiera y altos costes de apertura, y otro porcentaje relevante a problemas de personal y rotación. O sea: el sector va con la lengua fuera, y el centro turístico añade gasolina al incendio con alquileres y expectativas infladas.
Guía express para detectar un “restaurante trampa” (y salir vivo)
Esto es un podcast de gastronomía, sí. Pero también es un podcast de supervivencia. Si ves uno de estos síntomas… HUYE
- Carta enciclopédica: 190 platos “típicos”, todos con colores extraños y, en muchos casos, procedentes de congelados.
- Traducciones delirantes. No os podéis imaginar las risas cuando veis una carta de callos o manitas de cerdo en inglés. Eso y las fotos de platos como si fueran anuncios de teletienda.
- “Best tapas in Madrid”: Paella fosforita y croqueta del LIDL
- Precios hinchados y la palabra «español» por todas partes. Mira, incluso fuera del Madrid turístico hay un montón de estos de los que también hay que huir.
- El local tiene “historia”. No, es Madrid la que tiene historia, tu local lleva abierto desde anteayer (y probablemente cerrará pasado mañana).
Si eres residente, lo notas. Si vienes de paso, puede que te dé igual. Pero ojo: que te dé igual no hace que esté bien.
Esto es El Anticrítico Gastronómico: actualidad gastronómica, sin anestesia
🎧 Escucha el episodio: “Turismo en Madrid: el nacional que se queja vs el turista que traga” en El Anticrítico Gastronómico, tu podcast de gastronomía y de actualidad gastronómica. (Si te pica, es que funciona). Turismo Masivo: De Madrid al cieno